sábado, 15 de enero de 2011

Homo Dominus

(Roberto Fernández Terán)


Matas lo que tocas

para envanecer tu ego

desde tu pedestal de pequeño dios

de alcantarilla.


Nada escapa de tu furia destructora,

te alimentas de carroña con registro sanitario

te nutres de los vahos de la descomposición de tus víctimas.


¡A nadie perdonas!


Florestas, ríos, animales, mares y montañas

yacen ahora inertes

en la piedra sacrificial de tu vesania.


Envuelto en tus miasmas

—solitario—

caminas por páramos

tú, cruel señor de la muerte.

viernes, 14 de enero de 2011

Escena Nocturna

(G. Munckel Alfaro)


La boca ligeramente entreabierta, los párpados cubriendo tiernamente los ojos, la cabeza descansando sin peso sobre un brazo extendido sin esfuerzo, el pecho inflándose suave y rítmicamente, en paz.

Un leve murmuro brota de los labios, los ojos se mueven con sutil torpeza bajo los párpados, el cabello se enreda un poco al moverse la cabeza, los dedos se crispan por un instante, un suspiro dulce y quejumbroso nace en el pecho y escapa, inquieto.


Una brisa fresca besa los labios, indiferentes al ruido y las luces citadinas que flotan al otro lado de los párpados, la noche da vueltas sobre la cabeza, el frío se pierde bajo el calor del cuerpo y las horas crecen, pesadas.


De la boca brota un hilo de baba que cae lento y espeso, los párpados se arrugan con fuerza, la cabeza resbala lentamente hasta encontrar el suelo, el cuerpo se mueve apenas en la humedad sobre la que yace, hedionda.

Escapa el tufo de la inquieta boca, se abren los ojos con urgencia, la cabeza se levanta apenas y se apoya sobre un brazo tembloroso, el pecho y la garganta arden en húmedo esfuerzo, un nuevo brote de oloroso líquido decora la vereda, sobre ella cae nuevamente la cabeza, todavía ebria.

jueves, 13 de enero de 2011

La Mujer que Limpiaba

(Sarahi Cardona)


La casa estaba en una esquina, no era muy grande y estaba tan vieja que era increíble que la mujer que la habitaba le haya dedicado setenta años a limpiarla impecablemente. Cuando los oficiales de policía entraron a levantar el cadáver, aparte del olor por la descomposición del cuerpo, no pudieron evitar sentir el aroma de limpiadores de diversos usos y unos perfumes tan persistentes que ni la podredumbre los neutralizaba.

Todo estaba en perfecto orden. Había muy pocas cosas, todas lavadas y ordenadas cuidadosamente. Los informes de la autopsia, sumados a los del lugar de levantamiento del cadáver, afirmaban que se había estado alimentando de tomates, manzanas y naranjas que cosechaba en su jardín. Su ropa era muy antigua pero, eso sí, intachablemente conservada. Ningún vecino la conocía, nunca la habían visto salir, no tenía teléfono; la única persona con la que mantenía contacto era un repartidor de productos de limpieza, con el que intercambiaba los perfumes que ella fabricaba con las flores de su jardín por estos productos.

Hace setenta años, ella volvía a su casa en un bus y, de repente, sintió una angustia por que alguien se sentara a su lado; la mortificaba que alguien pueda hacer contacto con su piel. Hacía calor y todos sudaban, cualquiera le podía contagiar algo. En el asiento podía haber algún virus, pudo haberse sentado un enfermo; no se pide carnet de salud para entrar a los buses, algún niño podía haber vomitado u orinado y ese niño podía tener enfermedades peligrosas; qué tal si alguien se cortó y derramo sangre, la sangre era un peligroso trasmisor de enfermedades y, si el bus chocaba, todos sangrarían y ella no podría evitar el contacto. Desesperaba, se bajó y prefirió caminar. Llegó a su casa, cerró puertas y ventanas. No volvería a salir ni comprar nada, no sabía cómo estaban hechas las cosas, ni si había gente enferma que quisiera esparcir virus por todos lados y durante su elaboración derrama cualquier fluido contagioso.

Empezó por lavar toda su ropa, desinfectar todos sus utensilios; luego plantó las semillas que tenía y así transcurrió su vida limpiando y ordenado. Al cabo de los primeros meses, perdió la noción del tiempo, se le iban días enteros puliendo un cuadrado de mosaico. No necesitó electricidad y sacaba el agua de un pozo que cavó en su patio. Pero nunca sintió que ella o la casa estuviesen suficientemente limpias.

Hacía cada cosa con tanta persistencia y mantenía su mente ocupada en averiguar dónde podrían haber bacterias, virus, peligro y suciedad, que no quedó rastro de aquella noche, en la que alguien la había empapado de sudor en el suelo de un bar, recorrido todos los recovecos de su cuerpo con la lengua. Con él había vivido la más extrema de las pasiones coprofílicas, y al que encontró la forma de olvidar dedicando su vida a otra obsesión, que dio como causa de muerte: muerte natural.

lunes, 20 de diciembre de 2010

V

(Ariel Yañes)


Dorado, desde el reflejo

En el breve instante en que parpadean los faroles

Andar vivaz en primavera

Minutos, horas y la distancia insoportable

Divagando en la penumbra

Crece a cada paso para recorrer tus curvas secretas,

Tersada piel de tu albo cuerpo,

Como el no permanecer ni eterno.

Camino

Porque la lluvia siempre fue tu transeúnte

Ambarinos ojos de mirada dulce.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Los Amantes

(Roberto Fernández Terán)


Majestuosas y terrenas se levantan desafiantes

combadas figuras de hembra enardecida,

volcánicas y ávidas pasiones

buscan las aguas amantísimas

del mar embravecido.


Oceánico deslizarse sobre la superficie ondulada de la tierra

atenazándola, cubriéndola

con caricias sentidas de amante ejercitado,

sucumbiendo ella, desfalleciente, a sus requiebros.


Se miran insaciables

ansiosa ella, por beber más de él

ávido él, de adentrarse más en ella

mientras avanzan en nocturna bruma,

hasta encontrarse, los dos, en pleamar tensada.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Monotonía

(Yvonne Rojas Cáceres)


Lejos, el aire respirable

Aquí el oxígeno que no se absorbe

Lejos los pies, caminando por una vereda

Con el sol del atardecer penetrante

Brisa sutil, imperfecta para el calor

Monotonía de lugares secos

Sombras se dibujan lentamente en el pavimento

Ambiguas figuras atraviesan las pupilas

Nada anda entre los sujetos

jueves, 16 de diciembre de 2010

Te Repites en todas tus Variaciones

(G. Munckel Alfaro)


porque te deseo en cada uno de tus cuerpos

te busco en más reflejos de tu espejo

para devorar tu hambre en la mía

te encuentro en estas casas para irse

para mirarte en las horas sin tiempo

te guardo una vida en silencio

para disfrutar del nombre de tu nombre

te pienso sonriendo en mi nostalgia

para verte partir como siempre