(Marcelo Terceros)
Noche, tristeza
Vacío interno
Juego de soledad.
*
Lágrima, caricia
Perlas saladas
Lenguaje del alma.
*
Flor de jazmín
Belleza y fragilidad
Vida efímera.
(Marcelo Terceros)
Noche, tristeza
Vacío interno
Juego de soledad.
*
Lágrima, caricia
Perlas saladas
Lenguaje del alma.
*
Flor de jazmín
Belleza y fragilidad
Vida efímera.
(G. Munckel Alfaro)
Expiación
Brilla prístino.
Llora, cae el cielo.
Limpia el viento.
Tormenta
Canta el cielo
y brilla su melodía,
se calla. Llueve.
Haiku Maldito
En la ciudad gris
la gente es paisaje
que pasa leve.
(Norah Crespo)
Luz tenue
Alumbra
Yo escribo.
*
Escucha cantar un pájaro
El sol saluda
Abre los ojos.
*
Es su voz
Cerca de ti
Pero no está.
(Sarahi Cardona)
Luz del agua
Reflejando lo eterno
Mares de olvido.
*
Escucha a los desvalidos
Aurora de la mañana.
*
Despertar y saberte
El mundo y tú.
*
Deja pasar plegarias
No digas adiós.
*
El viento de tus alas
Mi vida guarda.
(Sara Améstegui Lavayén)
Refugio
Sagrada noche
Ocultas con tu manto
A la crueldad.
Vino
Lágrimas escarlata
Caen del corazón
Bañado en vino.
Pausa
Como un árbol
Me detengo
En silencio, contemplo.
Culpa
El dedo acusador
Apunta al espejo
Me callo.
(G. Munckel Alfaro)
Abrigado por la tibia penumbra,
Presto leve fuego a mi fría mano
Y se enciende mi rostro, cercano,
Cuando, de rojo, mi alma alumbra.
Azul, nace el humo en la sombra.
Dibuja solo, ágil artesano,
Y va perdiendo su arte temprano
En la brisa de distancias que nombra.
Flota solemne su cinta de seda,
Más ligera y libre que un pluma,
Pintando sutil, breve humareda.
Al final, entre la ficticia bruma
Y junto a la vida que aún queda,
Cae frágil la ceniza póstuma.
(Sarahi Cardona)
La mañana desnuda y nosotros.
Todo es imposible y esperas.
Traidor y embustera. Lo que quieras.
Lluviecita impasible. Los rastros.
No penetres mi alma. Guarda sueños.
No eres el ángel, mas sí un consuelo.
No soy lo que esperas, pero vuelo.
No te quiero perder, pero son años.
Estas anestesiado y perdido.
Callada, te sigo y voy sin rumbo.
Me sabes y buscas. Sigues dormido.
Ahora la luz te ha sorprendido.
Tal vez, de noche mires lo que hubo:
Yo con la herida, tú el dolido.